La danza en la televisión

El arte y en especial la danza en la televisión tiene un poderoso aliado en este medio de comunicación tan poderoso, muy amplio y accesible. La difusión y el conocimiento de la danza, por consecuencia, deberían haberse ya enriquecido, y los resultados favorables verse al menos reflejados en un sustancial incremento de los públicos. Sin embargo sabemos que no es así. El problema radica entonces, quizás, en la imagen que la televisión transmite de la danza.

La capacidad que tiene la televisión de construir identidades le permite también crear, desmentir o preservar estereotipos. Ahí radica el problema de la danza en la televisión: los bailarines, maestros y coreógrafos que ésta difunde son clichés de un medio en el que, si bien es cierto el éxito o la calidad se miden por el rigor, la disciplina y el esfuerzo, éstos no necesariamente van acompañados por el egoísmo, la envidia, la intolerancia, la deshonestidad y la amargura que la pantalla nos muestra.

Además de los programas populares de concurso como Dancing With The Stars o So You Think You Can Dance hay otros programas en los que el proceso (o supuesto proceso) de vida dentro de la danza juega un papel preponderante. Vamos a referirnos a dos de estos programas: el programa de telerrealidad Dance Moms que se transmite desde julio de 2011 (producido por la cadena Lifetime y creado por Collins Avenue Productions) y la nueva serie iniciada en noviembre de 2015, Flesh and bone de la cadena Starz (creada por Moira Walley Beckett).

Dance Moms se basa en el estudio de danza de Abby Lee y en su grupo representativo, donde niñas de 7 a 13 años en compañía de sus madres enfrentan en cada episodio el rigor y mano dura de Abby, quien está convencida que para lograr un bailarín de excelencia es necesario humillar y vejar a sus alumnos. La misma página de la academia (www.abbyleedancecompany.com) resalta esta característica “académica”: You will get the grueling hands on lessons in sweat, humility, ethics, etiquette and networking. There is a huge difference between the ability to dance and the ability to make a living as a dancer! (¡Recibirás extenuantes lecciones prácticas sobre sudor, humildad, ética, modales y relaciones públicas. No es lo mismo tener capacidad para bailar y tener capacidad para vivir el baile!)

Evidentemente hay una enorme carga de verdad, pues aún existen maestros de danza que crean un personaje en el salón de clases y reproducen los mecanismos de un cuartel, y hasta justifican el uso de la fuerza y el maltrato físico y verbal como herramienta necesaria para entrenar el cuerpo y la mente de un bailarín.

¿Cuál es la línea que separa la estricta disciplina y la firmeza del rigor intolerante y el maltrato, para enseñar danza? Sin duda es el respeto. El estereotipo del profesor de danza dictatorial y sus alumnos amedrentados y sumisos es lo que ofrece Dance Moms. Otro estereotipo que vende es el de la competencia feroz y el juego sucio, sobre todo entre las madres, quienes en conjunto forman un estereotipo más: el ama de casa de clase media alta que dedica todo su esfuerzo para lograr que su hija sea lo que ella no logro ser, una gran bailarina.

El resultado es un programa donde lo menos importante es la danza como arte. Las niñas bailan bien, ¿y?…. Han ganado muchos concursos, ¿y?…. Han conseguido alcanzar fama a temprana edad, ¿y?…. Estos logros ¿benefician a la danza? Creo que no, cualquier padre con sentido común no deseará ver a su hijo sometido a tanta falta de respeto, no permitirá que en aras de levantar la pierna más alto o dar un giro más se deba pisotear su autoestima, no creerá que tantas lágrimas se necesiten para aprender un arte.

El asunto aquí es que los aprendices no bailan para comunicar o provocar placer, bailan para ganar concursos y trepar semana tras semana hasta alcanzar el lugar más alto en la pirámide, método de clasificación con el que Abby justifica los momentos en que más intolerante se muestra.

La primera temporada de Flesh and bone es una buena historia, con muy buenos bailarines, bien producida, sin duda una serie que atrapa. Tiene como coreógrafo y asesor a Ethan Stiefel pero también nos muestra una serie de estereotipos alrededor de una compañía profesional de ballet. El más destacado, el del director y coreógrafo: un exbailarín triunfador que logró salir adelante a pesar de una oscura niñez, se convierte en una gran figura, triunfa con su compañía y como coreógrafo pero hacia el final de su carrera se convierte en un divo amargado, manipulador y misógino que abusa sexualmente de sus bailarines y física, mental y verbalmente de toda la compañía.

La primera bailarina también: hacia el final de su carrera, bella, más allá de todo, inalcanzable, que lucha por seguir siendo, y eso la convierte en una mala persona, resentida y solitaria. En cuanto a la compañía, se trata de un grupo en el que no hay cabida para la solidaridad y el compañerismo, y en el que existe la envidia y deslealtad: ellas anoréxicas y tontas, ellos pervertidos sexuales.

Por si fuera poco, el patrocinador de la compañía es un millonario que busca tener relaciones íntimas con las bailarinas. Y finalmente la recién llegada, la elegida con un talento natural sobresaliente, con una historia familiar muy negra, que llega a la compañía para despertar los peores instintos de los demás personajes, al principio tímida y tonta, después… ya lo sabremos en la segunda temporada.

¿Quién en su sano juicio le gustaría pertenecer a un grupo así?, ¿En qué lugar queda la gente de danza, sus valores, cuando lo que se muestra es la carencia total de valores humanos? La verdad es muy distinta. Seguramente mucho de lo que aquí se narra ha sucedido o puede suceder, y por supuesto que en la danza existe la competencia, egos enormes y el éxito se mide por el rigor, pero la disciplina y el esfuerzo va mayormente acompañado de tolerancia, solidaridad, pasión, respeto y felicidad.

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