Situación laboral de los bailarines en México

Por Eduardo Hernández Jiménez para FLUIR

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Situación laboral

La Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea (ENDCC) es el semillero para muchos espacios y en donde todos los aspirantes a bailarines desean entrar, la demanda es muy grande, y es regulada por pre registros que se llevan a cabo por internet. Muchos de los aspirantes no son aceptados en esta institución y tendrán que buscar otras opciones de formación si realmente desean conseguir sus objetivos. Ser bailarín es una ardua tarea, y para todos aquellos que lo consiguen ¿Cuál es la situación laboral a la que se enfrentan?

En el caso de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea (ENDCC), la licenciatura en danza contemporánea dura cinco años, y en danza clásica, nueve.

Anualmente asisten a realizar castings de danza más de 400 personas, de las cuales se quedan menos de veinte y sólo cinco o cuatro terminan y logran construir una carrera como tal, algunos otros dejan de bailar o intentan hacerlo en el show business. Aquellos que logran terminar una carrera y salen en búsqueda de algún empleo, padecerán, si es que no logran incorporarse a alguna compañía oficial, de las condiciones mínimas que cualquier trabajador requiere.

Ser bailarín es ante todo una profesión. De acuerdo con el periodista y crítico de la danza, Alberto Dallal Castillo, “el bailarín profesional […] ha sido siempre, en todo el mundo, un especialista: ejecutante entrenado y diestro que se ejercita cotidianamente no sólo para educar, afilar su cuerpo, sino también para mantenerlo apto para los exhaustivos ensayos y representaciones del grupo o de la compañía. […] Las jornadas del bailarín son arduas y precisas, permitiéndole hacer en el tablado, en la fiesta, en el salón, en el escenario lo que otras personas no pueden realizar”.

Pero también son Los obreros de la danza, personas sin rostro que no tienen seguro social, que no cuentan con protección jurídica ni política, y que trabajan horas extras sin remuneración. La ex bailarina y docente actual de la Escuela Nacional de Danza ‘Nellie y Gloria Campobello’ y de la Academia de la Danza Mexicana, Solange Lebourges, considera que hace “falta que al bailarín se le trate como cualquier trabajador con condiciones laborales dignas y con prestaciones, que se le respete y valore.”

La Ciudad de México cuenta con tres escuelas de enseñanza a nivel profesional:

  1. La ENDCC  que ofrece la licenciatura en danza clásica, danza clásica con plan especial para varones danza contemporánea y coreografía;
  2. La Escuela Nacional de Danza “Nellie y Gloria Campobello”, que imparte la licenciatura en Educación Dancística con orientación en danza contemporánea, danza española o danza folclórica, y
  3. La Academia de la Danza Mexicana, con licenciaturas en danza clásica, danza contemporánea y danza popular mexicana.

Los centros de enseñanza cuentan con los elementos necesarios y óptimos para la preparación de los estudiantes. “Por ejemplo, en la Nacional de Danza  hay mucha pasión por parte de la planta docente y comparando con otros países veo que hay mucho nivel, lo malo es que no se sabe encausar”, asegura Raúl Tamez Carrillo, licenciado en danza contemporánea por la ENDCC. Hay profesores “respetados y admirados, pero sin vocación. Hay ciertos vicios del país, hay maestros que llevan 50 años y probablemente son buenos pero que sus programas están desactualizados”, opina Alan Ramírez Gaytán, licenciado en danza clásica por la ENDCC, quien además considera que no hay muy buena preparación para ser competencia a nivel internacional.

Entonces, si la preparación que reciben los estudiantes es buena, ¿cuál es la dificultad para el desarrollo profesional de los bailarines? Trabajo hay, y cada vez más: “En México sí hay trabajo para los bailarines y sí se puede vivir de la danza, sólo que hay que ser buen bailarín, por ser ‘buen bailarín’ me refiero a que tengas algo que decir, ya sea en el show business o en algo muy conceptual o técnico, pero que tengas algo que ofertar es lo que te garantiza permanecer,” opina Raúl Tamez. “Hay oportunidades pero no son muy amplias las posibilidades. En danza contemporánea, por ejemplo, hay grupos independientes que se conservan a lo largo de los años y otros que sobreviven gracias a las becas. Puedes trabajar como bailarín pero la paga es muy mala”, considera Ignacio Pereda, licenciado en danza contemporánea por la ENDCC. Al contrario de ellos, Solange Lebourges expresa: “Uno a veces, siendo maestro, se pregunta hacia donde van a ir los alumnos, porque ahora la moda y las políticas culturales dicen que hay que hacer proyectos que duran un año y luego hay que volver a empezar; es muy difícil encaminar uno. A veces los bailarines están en uno y pasan a otro que dura unos meses, me parece que hay falta de continuidad y de proyección hacia un futuro seguro. No se permite un desarrollo más allá de lo inmediato.”

El Bailarín free-lance: el caso de Ignacio Pereda Mendoza

“Soy bailarín independiente porque al ganar la beca de Ópera Prima, en 2012, debí esperar un año de receso para poder aplicar a otra. Me pagaban 25 mil pesos mensuales por haber ganado el cuarto lugar. Justo cuando esperé salió la convocatoria del Centro de Producción de Danza Contemporánea (CEPRODAC) y no pude aplicar.”

“Creo que para las horas de esfuerzo que le ponemos, la danza no es redituable. Aunque también depende del estilo que bailes: los de danza clásica ganan mejor que los de contemporánea, y estos mejor en relación a los de folclor. La frase de ‘amor al arte’ se sigue aplicando, por ejemplo, tuve funciones de Extraña con ‘Bruja Danza’ y lo presentamos en el Teatro de la Danza del Centro Cultural del Bosque, aproximadamente tuve una cantidad de 40 horas de ensayo y venían a vernos como 15 o 20 personas, muy pocas. La retribución de los artistas es generar algo en los demás. Pero creo que fue mucho el tiempo que invertí de ensayo en ensayo, como para que mi trabajo no sea reconocido ni valorado ni difundido. Es feo que haya esas desventajas. Es un trabajo que empecé en enero, ya es mayo y aún no me pagan. Yo tengo que pagar renta, comida, ensayos, si me lesiono pues un fisioterapeuta. Tengo que correr para ensayar y hacer el trabajo, después esperarme uno o dos meses para que el FONCA o CONACULTA libere el pago. Para los bailarines contemporáneos independientes es así. A diferencia de los que trabajan en CEPRODAC, que es del gobierno, y unos ganan 25 mil y otros 15 mil, depende la categoría. Ellos, vayan o no, ganan eso, estén bailando o no, ganan eso, se lesionen o no, ganan eso. Hay lugares aspiracionales en los que cualquier bailarín quisiera descansar o cobijarse.”

”Algunos problemas a los que me he enfrentado son los directores, hay algunos que son muy neuróticos o a veces muy ligeros, que no saben lo que quieren, y es difícil tratar con ellos. También hay mucha competencia, en ocasiones necesitan sólo uno o dos bailarines y llegamos 50 a la audición. A veces tiene que ver con el look que portes. Puedes ser muy buen bailarín pero si buscan gente musculosa, y aunque bailes mejor, pues se quedan con ellos; pero en el cartel no ponen ‘se buscan musculosos estilo Arnold Schwarzenegger, los demás absténganse.’ Y también hay falta de formalidad por parte de algunas empresas, recientemente iba a trabajar con DanzaTres para un show de Las Vegas, pero como vi que eso no iba a funcionar, renuncié; los que se quedaron siguen sin saber cuándo se van a Las Vegas. A veces no te pagan aunque ya hayas trabajado. Algunas condiciones laborales son buenas, lo que está mal es la paga.”

Bailar con la Compañía Nacional de Danza: el caso de Alan Ramírez Gaytán

De acuerdo con la jefa del Departamento de Control Escolar de la ENDCC, en el último año el 40% de los bailarines de la Compañía Nacional de Danza (CND) ha estudiado en dicha escuela. Alan Ramírez Gaytán pertenece al cuerpo de baile desde hace nueve años. “Estaba en último grado y un día el director de la CND fue a ver una clase, le gustó cómo bailo y me ofreció trabajo, hice la audición y gracias a que un muchacho belga no tomo el contrato, me quedé.

«Trabajar ahí tiene altas y bajas, como cualquier trabajo. La verdad, realmente nosotros, los bailarines de la Compañía, regularmente no apreciamos la calidad de escenarios en que nos presentamos (Bellas Artes, Auditorio Nacional), cuando hay otros bailarines que no cuentan con espacios o recursos. Otra cuestión es que hay veces en las que bailo y otras en que no, depende de qué quiera y busque el director para que bailemos. Yo he sido cuerpo de baile los nueve años, quizá porque no he tenido suerte o el apoyo de algún director, o el físico, pues soy muy chaparro y nunca podría ser un príncipe. La danza, y la Compañía, son súper elitistas, siento que para las personas bonitas es más fácil, aunque no desmerito su talento. Pero, la danza es un arte estético y no puedes verte mal.”

”A nivel nacional, las condiciones de laborar en la Compañía son las mejores porque tenemos seguro de gastos médicos mayores y menores, tenemos fisioterapia, masajista, instalaciones en perfecto estado, bailamos en los mejores teatros, y nos cuidan bastante, pero falta mucho en comparación con otros países. Por ejemplo, bailar El Lago de los Cisnes es muy malo para nosotros, por la temperatura o porque llueve y está húmedo a pesar de que lo sequen, y nos patinamos o caemos o lastimamos. A nosotros nos dicen ‘tienes que bailar, porque tienes que bailar’; nos lo piden porque deja dinero. Y es entendible, el INBA le exige a la Compañía cierta cantidad de dinero.”

«En la Compañía estamos luchando por un reglamento interno desde los ochentas, pero el gobierno no quiere darnos ni un poco de poder y eso nos afecta. Buscamos que se definan bien las funciones de bailarines, de maestros y de la dirección. Que haya apoyo para cuando vamos de gira; asuntos burocráticos que respalden y garanticen nuestros derechos, porque no tenemos opinión. Estamos afiliados al Sindicato y gracias a ellos hemos obtenido ciertos beneficios, pero no podemos reclamar nada. Queremos las cosas por escrito: condiciones ambientales para bailar, condiciones del foro, el trato de los maestros hacia nosotros. Por una u otra razón no se ha podido. Hay gato encerrado. No se sabe quién no quiere. A nosotros nos dice el Instituto que es nuestra directora y ella nos dice que es el Instituto, se echan la bolita y no pasa nada. Pedimos las normas internas de la Compañía de Canadá, nosotros le pagamos al traductor y las entregamos al Instituto para que viera como deben ser las condiciones laborales; esto tiene no más de dos meses.”

”Ser bailarín de danza clásica es bien remunerado si perteneces a la Compañía, porque es la única que tiene prestaciones, nos da aguinaldo y bonos mensuales. A los demás se les paga por función o ensayo. Un bailarín de cuerpo de baile como yo, gana entre 18 y 20 mil pesos al mes; los primeros bailarines ganan entre 30 o 35 mil. Y aunque te lastimes debes de tener tu pago normal, no como los bailarines independientes.”

¿A qué se deben las condiciones lamentables que enfrentan los bailarines? De acuerdo con Raúl Tamez, el epicentro radica en que la danza no está en el imaginario de la población. “Dedicarte a la danza no está valorado ni como una profesión ni como un arte, es un problema de educación y del mismo gremio. Todo es un círculo vicioso: si no hay educación ni conocimiento de la danza no hay público, y si no hay público no hay dinero, y si no hay dinero no hay pagos ni apoyos. El bailarín está como venido a menos. Debería ser importante porque es una manera de comunicación distinta, el bailarín es portador de un mensaje.”

”Las condiciones laborales en México son tremebundas pese a los esfuerzos que se han hecho. A veces hay que hacer show business para comer. Por ejemplo, un bailarín de Yuri puede ganar 40 mil pesos al mes, pero es un bailarín que no durará mucho tiempo. Fuera del CEPRODAC o de Tania Pérez-Salas, un bailarín contemporáneo gana como 4 o 6 mil pesos al mes, y eso dando ya clases. A veces hay proyectos en los que ensayas tres o cuatro meses y sólo te dan 500 pesos por función. Aparte de que no tenemos seguridad social ni retiro, para nada cotizamos, no existimos ante el SAT, ante el gobierno… No existimos ante nada.”

”Pero los bailarines tienen miedo de perder su trabajo si se quejan de las condiciones. Por ejemplo, estoy trabajando en el musical Mame, que estrena en septiembre, y dijeron que a los bailarines no nos pagarán los cuatro meses de ensayos. Otra persona y yo intentamos abogar pero los bailarines tienen mucho miedo a perder su trabajo, valoran más el hecho de tener algo y prefieren callarse, saben que si confrontan pueden quedarse sin nada. A nosotros no nos pagarán los ensayos pero a Verónica Castro le pagarán un millón de dólares.”

El miedo a perder su trabajo es uno de los motivos por el que los bailarines aceptan tales condiciones laborales, aparte de que tienen ganas de bailar y saben que su oficio es breve, “a los treinta o cuarenta años el retiro es obligatorio”, asevera Solange Lebourges. “Esta fragilidad económica es precisamente una de las razones de la precariedad de la vida del bailarín durante su carrera. Lo mantiene en muchas ocasiones al borde del abismo, inventando cómo sobrevivir y seguir bailando, sin poder reivindicar su oficio como solvente”.

No se trata de buscar culpables, los coreógrafos y directores las más de las veces ofrecen condiciones precarias porque tienen un presupuesto limitado, presupuesto que debe cubrir gastos de iluminación, vestuaristas, técnicos, bailarines, musicalizadores y un largo etcétera. La responsabilidad tampoco recae en los bailarines, pues no cuentan con un respaldo legal que los asesore o proteja; ellos simplemente tienen deseos de bailar y ofrecer su arte. Tienen la imperiosa necesidad de mantenerse en movimiento, de combinar la parte artística de la interpretación con el juego. Porque ser bailarín es “tener una oportunidad privilegiada de usar el cuerpo, conectarte con la música, y cobrar por hacerlo.”

El problema recae quizá en las políticas culturales, como apuesta Solange, pues la danza es una de las actividades con menor presupuesto, escasa asistencia por parte del público y un número reducido de compañías subsidiadas. “Falta logística, inteligencia, transparencia y unión en la administración de los recursos destinados a la danza. Hay muchas becas pero el 60% de ellas son para proyectos sin ningún impacto artístico.”

¿Por amor al arte…?

“Para bailarines, investigadores y docentes, la danza en México es víctima del subdesarrollo político y de la consecuente violación de los derechos sociales, aspectos que impiden tener una constante producción, investigación y difusión”. La danza es vista como un pasatiempo, como un hobby. La situación de los bailarines se debate entre el abandono legal o el desempleo. La danza no es considerada un empleo formal.

La frase ‘por amor al arte’ implica aceptar condiciones laborales que son lamentables. Se tiene la idea de que el bailarín vive de y por el aplauso, se olvida por completo que es una persona que debe comer, pagar renta, transporte, vestido… se olvida que es un trabajador como cualquier otro. “La frase de por sí es patética, por algo te dedicaste nueve años para una carrera como para que te digan ‘por amor al arte’ hazlo y no te pagamos”, considera Alan Ramírez.

Los bailarines se enfrentan a la inseguridad social, a la falta de pagos, a la discriminación, al elitismo, al maltrato psicológico, al desgaste y fatiga musculares, a la falta de oportunidades, de espacios, de reconocimiento social, a los prejuicios… Los bailarines parecen estar condenados a ser los obreros de la danza.

Fuente: http://revistafluir.com.mx

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1 Comentario

  1. En mexico no solo existen estas tres escuelas para la danza a nivel profesional, como casa magna del folklor esta la escuela nacional de danza folklorica ENDF, esta la universidad de colima con la lic en danza escenica, la de puebla con la lic en etnocoreologia, la de monterrey con la lic en danza, ademas de las escuelas de bellas artes del estado de mexico, qie si bien aun no son parte de INBA si tienen el valor curriculat de lic en danza folklorica, clasica y contemporanea…

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